Un Ángel en el Hospital

Ana Carolina Chico

1/26/20242 min read

Agradece los días de sol sin complicación, pues tarde o temprano los días grises y difíciles irrumpen tu aparente calma y ponen tu piso a temblar.

Ayer … fue uno de esos dias grises tuvimos que internar a mi padre de 85 años por complicaciones en sus pulmones y por baja saturación de oxígeno.

Por supuesto son momentos en los que de pronto la angustia y el miedo a perderlo me asaltaron.

Como comprenderán perder a Beto es inconcebible, mi MIEDO más grande desde niña.

El hombre que me enseñó a abrazar y que cuando niña noche a noche me cubría amorosamente con una colchita de tonos cafés para asegurarse que no pasara frío.

Ingresamos a Emergencia envueltos en la incertidumbre y el miedo, nos recibió CRISTIAN un enfermero educado, muy profesional,

de uniforme pulcro, dulce mirada y trato suave.

Durante muchas horas lo vi caminar de arriba abajo. Iba y venía con la prisa que requiere el perfil de un trabajo como ese, en una una sala de emergencias.

Diligente, esforzado, con el don de servicio a flor de piel y una evidente compasión que conmovida, pude constatar corre por sus venas.

La Compasión por los demás ese don con el que venimos equipados desde niños pero que por alguna razón al crecer algunos prefieren olvidar.

Cristian el enfermero no lo olvidó, es uno de los pocos valientes que no permitió que los afanes de la vida y el centrarse en sí mismo ahogaran ese don.

Los hospitales son lugares fríos y solitarios pero atendió a mi padre con tanta dignidad y amor que nos hizo sentir en casa.

Sin darse cuenta con su trabajo, con el cansancio a cuestas y enorme compasión convirtió un momento de angustia en uno cálido, lleno de fe, esperanza y confianza.

Mi padre continúa interno, en proceso de recuperación al cuidado de otras enfermeras amables pero compartir un día entero al lado de Cristian ha sido un regalo muy grande.

Cristian el enfermero convirtió mi día gris en uno con trazos de colores.

Hoy día, tener un trabajo es un lujo ante la triste realidad del desempleo que nos golpea a nivel mundial, pero tenerlo y recorrer la milla extra como lo hizo ese enfermero es un privilegio y una esperanza para la humanidad.

Confieso que durante horas busqué insistente un par de alas en su espalda. No las encontré pero he llegado a la conclusión que para ser ángeles no es requisito tenerlas, basta con tener un corazón repleto de compasión, bondad y amor, ese amor que él mundo entero pide a gritos.

Y pienso cuántos de nosotros realmente hacemos la diferencia en la vida de los demás con nuestro trabajo y actitud ?

Rescatemos la compasión !

De que se puede,se puede !

Rendirnos ? Nunca!