La Casa de la Esquina

Ana Carolina Chico

5/8/20241 min read

La casa de la esquina esa cuya historia me intriga día con día, se encuentra en el lugar donde un árbol sigiloso espera la aurora, donde los once mil vientos convergen y murmullan a su oído una dulce sinfonía de esperanza.

La casa de esquina en su mayoría construida con viejas tablas de madera y láminas vencidas, pero revestidas de una indescriptible dignidad.

A diario desafía las mañanas con sus mejores galas, de modo que cuando el sol roza su improvisada piel y se cuela por sus múltiples grietas, ella toma conciencia que llegó la hora de resplandecer.

Lava su rostro, alza su mirada insubordinada por encima de las demás casas vecinas. Ella está convencida que es única, excepcional y que su atavío a pesar de su sencillez lo envuelve un mágico halo de luz que la distingue del resto.

Erguida le sonríe al nuevo amanecer, arropada únicamente por su evidente candidez, pintada con delicadeza en color marfil adornada por maceteros hechizos y marcada sutileza tan sutil como el hilo con el que una araña teje su red.

La casa se resiste a ser una más, sus entrañas no estarán llenas de lujos pero ella sabe que no son los lujos lo que le brindarán la felicidad.

Su razón de ser es provocar admiración a aquellos transeúntes que como yo valoran su esfuerzo, que aún en el centro de su aparente pobreza ella permanece firme, no se da por vencida y me confirma que el lujo con el que a veces se arropan el resto de las casas es irremediablemente efímero.

Lo verdaderamente importante es todo aquello que no se ve pero que en la casa de la esquina es evidente: el amor con el que cada día se reviste y trasciende a pesar del clima y el tiempo.