El Alma del Violín

Ana Carolina Chico

1/26/20242 min read

El violín también tiene alma, y no hablo nada más metafóricamente. Dentro de sus partes se encuentra el alma: un pequeño cilindro de madera cuya función estructural reside en distribuir la presión que el puente ejerce sobre la tapa del instrumento y transmite el sonido de la tapa al fondo.

Regresando de viaje, y camino del aeropuerto, realicé la parada obligatoria en un concurrido comedor de los alrededores.

Al llegar abrí la puerta e inmediatamente las notas de un solitario violín cautivaron mis sentidos.

Cuando ingresé cruzamos miradas con un tímido músico quien aferrado a su instrumento, el más difícil de aprender por cierto y en el centro de un colorido salón repleto de TODO menos de interés por escucharle; trataba inútilmente de captar la atención de espíritus afanosos sumergidos en su día a día cuya prioridad era alimentar su cuerpo, olvidando por completo nutrir su alma.

Por algunos minutos y a pesar que el salón estaba abarrotado de comensales,nada más existimos él, su violín y yo.

El violinista y su violín fundidos en uno solo, tratando vehementemente de ganarse la vida y yo una simple espectadora admirando su talento confirmando que ciertamente el violín es poseedor de un alma.

Si … el violín tiene alma más allá de ese cilindro de madera que lleva en lo más profundo, tiene una que galopa libre entre arpegios,vibratos con matices de infinitos colores y sensaciones que hilvanan sus melodías.

Vestido con sus mejores galas, la ilusión a cuestas, y mirada perdida el músico sostenía con sus cansadas manos un singular y resplandeciente violín proveniente de las entrañas de algún árbol desconocido de esos a los que personas como yo nos gusta abrazar y cuya voz quedaría plasmada para siempre en el alma del violín.

El alma del árbol, la del violín y la del violinista unidas en una sola por siempre como cuando el río regresa finalmente al mar.

Mientras el violinista intentaba competir con la ruidosa indiferencia de la audiencia imaginaba en lo que con mucho celo guardaba el alma de su violín, quizás el único testigo de su esfuerzo diario.

El alma del violín guardaba su inspiración, su alegría, sus lágrimas, su dolor, su fatiga, sus desvelos, su nada fácil camino recorrido cazando oportunidades, y su colección de anhelos.

Mientras estuve ahí el alma del violín me gritaba a gran voz Gracias!! Gracias !! Gracias !!!

Ante su insistencia, Le pregunté Gracias por qué ?

Y dijo:” Por valorar la grandeza y valentía de mi violinista de pararse cada día en este lugar, con la ilusión de poder llevarse un poco de reconocimiento y sustento a su familia”. Y confirmé una vez más …el Violín tiene alma…la voz del árbol, del músico y la propia.

La próxima vez que visitemos lugares donde nos encontremos con músicos esforzados y con talento no seamos indiferentes, no son un mueble más.

Los músicos merecen todo nuestro respeto, admiración y reconocimiento.

No pasemos de largo sin dejar una propina como todos los comensales que pude observar.

Hagamos la diferencia y pensemos que cada instrumento que cada músico sostiene tiene un alma entrelazada con la suya como la del violín.

De que se puede, se puede!

Rendirnos ? Nunca!